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A veces ocurren circunstancias inexplicables, ilógicas, sin sentido. Hace pocas semanas acabé de leer Univers! 2 de Albert Monteys y quise repasar la reseña que había escrito un par de años antes, para comparar un poco e intentar escoger una redacción quizás diferente para no repetirme demasiado con la elección de palabras o adjetivos, etc... y no la encontré. Normalmente soy muy cuidadoso con todo lo que leo y cada reseña queda guardada en su carpeta correspondiente y en la Biblioteca del Kraken, en la sección o categoría que más le corresponde. En este caso, sería Cómic fantástico. Y no la encontré.
El misterio quedó resuelto en un momento de dolorosa revelación: No había reseña. ¡NO HABÍA RESEÑA! Un cómic como Univers!, que me había encantado, con un apartado gráfico sublime y unos guiones magníficos... y yo no había escrito nada al respecto, no había plasmado... ninguna opinión. ¡Me olvidé! Y me he dado cuenta ahora, al leer este Univers! 2. En cualquier caso, un olvido, como decía, inexplicable... que ahora intentaré remediar con una reseña conjunta del primer y del segundo volumen. Porque, claro, he releído Univers! Y me ha seguido pareciendo tan brutal como la primera vez.
Albert Monteys es el creador —guionista y dibujante— de esta saga de pequeñas historias de pura ciencia ficción que destilan amor y respeto por nuestro género favorito. Pero también percibimos cómo el autor ama este entorno futurista a través del uso del sentido de la maravilla, el humor, la crítica especulativa, el magnetismo de buenos personajes y mucha imaginación. Publicó estas historias poco a poco, año tras año, y más tarde fueron recopiladas en un primer volumen. Primero en castellano y recientemente en catalán de la mano de Mai Més Llibres (que también había recuperado Calavera lunar, de la cual —me atrevería a decir— bebe bastante el espíritu de Univers!).
Cada historia es un pequeño homenaje a las ideas clásicas que muchos escritores y dibujantes imaginaron para sus tramas: contactos alienígenas, inteligencia artificial, sociedades distópicas, viajes en el tiempo y todos aquellos elementos que son la base de buena parte de las historias que nos dejaron boquiabiertos de pequeños, cuando empezábamos a adentrarnos en el universo inexplorado de todo lo que podía ofrecernos la ciencia ficción.

Por ejemplo, en «El passat és ara», nos encontramos con una empresa —industrias Wortham— que inventa el viaje en el tiempo y pretende colocar su logotipo en toda la materia existente desde el inicio del Universo. Sí, la premisa es un poco exagerada e incluso una locura, pero sirve perfectamente como ejemplo para reflejar hasta qué punto un magnate que ya controla buena parte de la economía del planeta puede pretender controlar el conjunto de toda la existencia y hacer que esta le pertenezca. Un empleado es enviado a ejecutar la orden, a impregnar los átomos primigenios con el logotipo de Wortham, pero nuestro protagonista tiene planes alternativos...
La segunda historia es un clásico que me ha parecido muy redondo. Se titula «Desconsol mecànic a la fàbrica de l’amor» y nos acerca a una trama sobre la programación ineficiente (o altamente eficiente, según cómo se mire) de los robots sexuales. Una buena fábula que además sirve para ponernos en contacto con una de las sociedades de este Universo. Vemos cómo visten, cómo se mueven, cómo pasan el tiempo... y cómo disfrutan de la alternativa carnal a la hora de tener sexo. Muy buena.
«El que sabem de Taurus-77» es la primera parte de una de las mejores historietas de Monteys: una misión al espacio exterior para contactar con posibles formas de vida. El autor define y describe perfectamente con cuatro viñetas la personalidad de los tripulantes: desde trabajadores inflexibles hasta los que siempre se quejan, pasando por un robot que escribe poesía pero que es extremadamente sarcástico. Me gusta una de las reflexiones que descubrimos en sus diálogos:
“Tu eres propiedad del gobierno y yo solo soy un funcionario. Somos casi lo mismo”.
Sea como sea, el contacto con una civilización extraterrestre no se producirá como habían imaginado los tripulantes.
Nuestra historia de contactos continúa con «El que sabem del planeta Terra», que ahora sí nos muestra el punto de vista contrario: una distopía alienígena desde la perspectiva de los habitantes de un lejano planeta con seres simbióticos y religiones destructivas. Aquí nuestro protagonista es un alienígena que tiene otra especie acoplada, un simbionte, y que huye de la secta que promueve que todo el mundo debe unirse a la luz y entrar a vivir en una eternidad de metadatos y sabiduría eterna. Encontraremos una interferencia con el protagonista de la primera historia.
Espero que estas dos tramas puedan desarrollarse aún más en volúmenes posteriores, pues Monteys tiene mucho terreno por explorar en este sentido.
Y llegamos a la crème de la crème de este primer volumen: «La Cristina del demà», una pequeña epopeya sencillamente perfecta en la que, a causa de un accidente de industrias Wortham (os suena, ¿verdad?), una trabajadora experimenta la realidad por adelantado. Un desplazamiento temporal de un minuto y treinta y siete segundos respecto a la realidad que la rodea, pero que va ampliándose a medida que pasan los días y los meses. Es una narración magnífica que, dejando de lado su originalidad, resulta especialmente triste pero plenamente consolidada como ejemplo de un sentido de la maravilla excepcional. La mejor de este primer volumen.

Hacemos una breve pausa entre volúmenes para hablar de la parte gráfica. Quien haya visto cómics de Albert Monteys ya conoce su estilo: línea clara y muy expresiva, con personajes ligeramente caricaturizados, de ojos pequeños, y con viñetas que de vez en cuando nos narran la realidad del momento a través de detalles simples pero efectivos. Y todo ello impregnado de colores intensos que acompañan el dinamismo narrativo de sus historias. Es un tipo de ilustración que a mí particularmente me atrae mucho y me deja observando las páginas con una fascinación difícil de disimular.
Y, por supuesto, todo esto se repite a la perfección en el segundo volumen: Univers! 2.
Aquí, sin embargo, empezamos de forma diferente: el sexto episodio de este particular universo narrativo y, sobre todo, visual, está formado por historietas cortas, algunas de ellas en forma de humor negro. Pueden expresarse en una sola viñeta o en una página con tres o cuatro ilustraciones. Recuerda más a las tiras cómicas de los periódicos; son como pequeños experimentos de ideas que se explican por sí solos o que necesitan poca aportación gráfica para trascender a la comprensión del lector. Hay un poco de todo: conceptos que me han hecho estallar la cabeza y otros menos interesantes. Son de consumo rápido y breve. Un ejemplo que me ha parecido redondo es la viñeta titulada «Hi ha altres mons», que tendréis que leer para descubrir cómo puede condensarse una historia terrorífica y especulativa al mismo tiempo con una sola imagen.
Seguimos con «Explicant històries a la colònia perduda de Kepler-35». Aquí encontramos una trama sustentada por una premisa francamente original: una colonia perdida hace trescientos años, sin tecnología, donde la población sigue los dictámenes de un pobre robot que apenas se mantiene en pie y al que solo le queda un archivo por leer. Una narración curiosa que nos abre las puertas a imaginar sociedades que no entienden otras formas de pensar simplemente porque no conocen ninguna otra forma de existencia. Como un mito de la caverna llevado al extremo y con un punto irónico.

Finalmente tenemos «701», que es una crónica dura y sin diálogos en la que Monteys nos lleva a especular sobre los recuerdos de un cerebro secuestrado para trabajar en un planeta minero para las industrias Wortham. Transgresora y dramática, con una narrativa visual fuera de serie donde —recordemos— no encontramos ningún diálogo ni ninguna onomatopeya.
Quizás este segundo volumen baja un poco la intensidad narrativa de los episodios —claro que venimos de compararlos con los guiones del primer volumen, que son una maravilla—, pero aun así seguimos encontrándonos historias inteligentes y llenas de crítica y reflexión.
Totalmente recomendable releer estos cómics cada cierto tiempo. No os cansaréis de disfrutarlos y esperaréis con impaciencia el próximo número.
Eloi Puig
06/06/2026
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